jueves, 20 de noviembre de 2008

LOS CALVOS NO SOMOS TAN MALOS

Dicen los bienpensantes, bambis, alfeñiques, neoprogres, etc que si todos somos iguales, que si los mismos derechos, que si bla, bla bla. ¿Y las cabezas más hermosas del mundo?

Si la mala en una película es una turgente mujer bervenera, ya estamos con machismos y vaginofobias. En cambio, cuando los calvos, rapados y afeitados de este planeta nos vemos representados en pantalla por villanos y "amos del mal" en general , no nos quejamos. Y es que...¡mola!

Terminator. Por ejemplo. ¿Habrase vista calvo con más mala leche?

Bueeeno, vaaale, es un robot, una máquina...¡Pero tiene dientes! Le podían haber puesto pelo, ¿no?

Eric Bana, villano romulano de la nueva de Star Trek. De pelo, nasti de plasti.

Bullseye, versión asesina de McGyver. Igual te mata con un clip que con un chique mascao.

Darth Maul. Sí, tiene cuernos, pero eso no le hace menos calvo.

Despues de su intervención en la saga de Star Wars se mudó a Tenerife, donde es drag queen en los carnavales.

Ernst Stavro Blofeld. Accionista mayoritario de Elektra durante años y un dolor de muelas para James Bond.

Psicológicamente suple su carencia de pelo acariciando compulsivamente a un gatito de angora con collar de diamantes.

Hannibal Lecter. Gourmet y antropófago con doctorado. Calvo, calvo, no se, pero tiene unas entradas que ni el metro de Moscú.

Kingpin. Enemigo declarado de Daredevil. En el comic es blanco. Lo tiñeron para la película.

Krang. Malo maloso en las aventuras de Namor, el Hombre Submarino. Parece ser que la tecnología atlante tampoco ha sido capaz de revivir los folículos capilares.

Lex Luthor. Un clásico. Le mira el paquete a Superman cosa mala.

No, no es Alberto González, pero casi.

Obadiah Stane
, el maligno socio de Iron Man , loquito por los cacharros que anden y destrocen.

Lord Voldemort. Además de calvo, no tiene nariz. Se la comió un perrillo cuando era chico.

Se quiere pasar por la piedra a Harry Potter, pero este está atontao y no se entera.

Ming the merciless. Un Fu-Manchú space-opera a ritmo de Queen.

Tiene una úlcera fatal por culpa del zorrerío de su hija.

Mr Freeze. Pasaba tanto frío en Batman que se hizo gobernador de California.

Le van los puros gordos.

Nosferatu. Más antipático que el Conde Brácula. Está fatal de lo suyo.

Se le ha visto por las tres mil vieviendas haciendo inmortales por una papelina.

Ra, ra, rasputin, lover of the russian queen...! Pues eso, Rasputín en Hellboy.

Parece Demis Roussos después de una operación de reducción de estómago. Su arma mortal, el fist fucking.

Shan Yu, el bárbaro invasor malo de Mulan.

Como no le quedaba nada arriba se dejó flequillo en la nuca.

Xerxes, emperador persa en 300, a punto de pegar un puntazo.

Darth Vader.

Sin máscara pierde tela. Y no, no es acné, son cicatrices.

Y, como podreis ver, el dejado al más malo para el final.

5 comentarios:

Stultifer dijo...

De aquí a cien años, todos calvos. De momento, me marcho a la peluquería.

Lucía dijo...

tu siempre serás mi calvo favorito :)

El Porquero de Agamenón dijo...

Estimado Noguera:
La casualidad no existe. ¡Qué coincidencia! ¡Estamos escribiendo de lo mismo! Aquí le envío un texto que corrobora y amplía, en cierto sentido, el suyo en una mutua propuesta de reconsideración de ciertos tópicos relativos a nuestro don común. Espero que sea de su agrado este texto que se inserta en una obra culmen que estoy escribiendo llamada “Gramática del Cuerpo” que subiré a mi blog. Un abrazo. Gracias por citarme.

“…las cabezas masculinas básicamente se dividen en dos: cabezas pilosas, cabezas depiladas. Las cabezas pilosas gozan de inmerecida fama debido a su carácter eminentemente ornamental. Son cabezas de culebrón hispanoamericano o de serie familiar americana de tercera categoría, destinada a producir somnolencias profundas en la sobremesa. Hay un curioso estudio que relaciona somnolencia con cabeza pilosa. Esto es debido a que, en gran medida, se asocia el pelo capilar con la bondad elemental, cosa en extremo lógica, ya que la condición sine qua non de la bondad es su previsibilidad. De ahí que la bondad que irradia una cabeza pilosa produzca un aburrimiento infinito. Si a eso añadimos que, según un estudio científico de la universidad americana de Hastigs, Connetticut, el coeficiente máximo de inteligencia que puede alcanzar una cabeza pilosa es de 95, (normal raspado), podemos deducir, en puridad, que tener una cabeza repleta de pelo no es precisamente un regalo divino.
Los dioses, narcisistas por antonomasia, siempre han amado un espejo en quien reflejarse. Nada mejor que una cabeza desprovista de hirsuto pelo que les pueda servir como fiel reflejo de su divinidad. Por ello, en recompensa, colmaron a los cuerpos masculinos desprovistos de pelo en su parte superior, de todos los dones de los que la madre naturaleza se muestra generosa. Así le concedieron el don de la inteligencia suma y de la atracción irresistible. En cuanto a lo primero, es fácil percibirse de ello puesto que una cabeza depilada, con todos los poros de la piel abiertos, muestra una prodigiosa facilidad para el intercambio de ideas y pensamientos que pueden entrar y salir sin obstáculo alguno. Las cabezas rapadas son sumamente inteligentes debido al trasvase continuo, enriquecedor y retroalimentado o, dicho con otras palabras, sólo la inteligencia produce más inteligencia. Por otro lado cabe mencionar, aunque sólo sea de pasada, un estudio evolutivo de la universidad de Odessa relativo a las cabezas depiladas y su relación causal con la aparición de la inteligencia. Sin entrar en demasiadas complejidades, el estudio establece la hipótesis de un homínido lleno de pelo que se va desposeyendo de él a medida que se separa de su origen simiesco hasta desembocar en el Homo Rapatus u Homo Intelligens, desprovisto casi por completo o completamente de pelo en la cabeza como síntoma revelador de una inteligencia superior, los rusos la llaman “inteligencia abrasiva”.
Es esta inteligencia superior, en grado evolutivo máximo, la que contribuye a la mejora de la especie humana, puesto que ejerce sobre la hembra, codiciosa de procrear, un impulso irresistible que hunde sus raíces profundas e inconscientes en el deseo de la hembra por ser fecundada por los ejemplares más dotados de la especie. Deseo extensible a cualquier especie animal.
Es por ello que la atracción irresistible del macho inteligente sin pelo está íntima e indisolublemente unida a la morfología del pene o cabeza inferior que adquiere su representación fálica en la cabeza de arriba como promesa y trasunto de la cabeza de abajo. Esta misma morfología para las dos cabezas es lo que hace absolutamente demoledora la pulsión sexual de la hembra, que no se ve distraída en absoluto de la persecución del placer por una cabeza con pelo que la desvíe y desoriente… (Gramática del Cuerpo).

Mario dijo...

Que va, hombre... si los calvos dan mucho morbo...

shysh dijo...

Pido permiso para enlazar esta entrada en calvosorgullosos. Con la venia.