viernes, 23 de enero de 2009

SANTA LUCÍA Día 9

Noto ya en el paladar la sonrisa agria de las azafatas de Spanair. Queda poco tiempo. A cada suspiro, menos. Llega el momento de preguntar cuanto tiempo pasará. Si volveré a ver este rostro, que me ama, cincelado por el transcurrir, amable y triste siempre. Esta isla es un pedazo de mi corazón que flota en el Atlántico. Ahora se aleja de mí, me deja al pairo flotando en el azul, se me escurre entre los dedos.

Ayer apareció B. Tenía las bolsas de los ojos hinchadas y los ojos llorosos. Le di un abrazo, alargué su nombre al pronunciarlo y le dije "lo siento". Con su hablar dulce y roto me respondió "se me fue, Jaime, se me fue". Se sentó en la mesa de la cocina y le hablé mentiras piadosas, tonterías melífluas que podrían haber sido sacadas de un manual de melodrama USA. Yo sabía que era lo que necesitaba en ese momento. En su mente confusa y de memoria prodigiosa, cree en la trascendencia. Al poco, volvió a la Tierra y se puso a hablar de números y boletos de lotería. Quería que mi madre tocase la Cruz de Caravaca que lleva en la cartera, para que nos ayude en el vuelo. Me preguntó "¿cuando nos vemos otra vez, Jaime?". "Mañana o pasado B. no me voy todavía"


Esa noche vi la final de Gran Hermano, sin haber visto ningún programa anterior. En cuando supe quién ganaba, un desconocido absoluto, me fui a leer y dormir. Me dejé la escupidera abajo.



A B. le queda poca familia. Siento una pena infinita cuando le imagino solo en un futuro. ¿Qué será de él? Lo imagino triste en alguna institución, en decadencia, abandonado. Me duele. Otra vez la maldita empatía. Si existiese un dios (cualquiera), le haría feliz caminante de estos ingenios. Le procuraría tardes soleadas en las que fumarse sus puritos isleños, sus cortaos, haciendo por doquier mandaos, del Guatatiboa a la Montañeta, del Hao al Mirador, de la panadería del primo A. a Los Vélez. Espero disfrutar de su singular presencia mucho tiempo más, mañana, pasado, el año que viene ¿la eternidad?


El domingo llego a Málaga vía Barcelona.

Termino algo triste esta serie sobre Santa Lucía. Mañana no tengo internet. Me dedicaré a disfrutar concentrado las últimas horas. Hoy hay gandinga. Carne frita de cochino, papas, gofio escaldao y un poquito de manteca.

3 comentarios:

Stanley Kowalski dijo...

Imposible evitar la maldita empatía, pues sos un tipo sensible y generoso, al que todo le llega.
Que tengas un buen viaje, te mando un beso.

Farrah dijo...

Noguera, yo también vi la final de Gran Hermano en las mismas condiciones que tú. Y hasta sentí alegría por el chico. De la misma manera que tú, apagué la televisión y me fui a leer a la cama. A leer a Cortázar, que en muchos casos es escritor de empatías antes no visitadas. Su "Último round" me está dejando loca, y ha llegado justo en el momento en que necesitaba leerlo.

Hala, ya lo he dicho.

Un saludito desde el sur que ahora es tu norte y disfruta por mí también (enclausurada entre exámenes).

Farrah

Argax dijo...

Una pena que termine. Gracias por traernos ese mundo.

Un abrazo.