martes, 20 de enero de 2009

SANTA LUCÍA. Día 6

El internet que uso es satelital, como el que se usa en Cuba. Nunca lo hubiese imaginado. Me olvido de que estoy en una isla, rodeado de mar por todas partes y con El Aiuun y el Sáhara a un paso hacia el este. Satelital...Y va demasiado bien.
Ayer mi tío P. , con un amigo de la familia llamado H. y el primo PB. se afanaron en arreglar una tubería de riego que mi tío K había sambucao. Por otro lado, un desprendimiento de rocas había fastidiado otra tubería. Tremendo paisaje.
Por culpa de la hernia que me hice hace años al sacar un minibus de una zanja en Rumanía, me tocó contemplar las operaciones de trabajo (no sin cierto sentimiento de culpabilidad) desde una silla de plástico puesta en el patio. Hacía sol. Comimos carne frita con papas.
Dormí una siesta de dos horas y me dirigí a la biblioteca municipal. Pensaba usar internet, pero nada más llegar me dicen que el viento tiró la antena y no llega la señal.
Un 80% de los libros eran de temática canaria. Busqué alguno sobre los guanches, brujería, leyendas, etc. De pronto, un título me llamó la atención por haber leído antes algo sobre el tema. Valbanera.

El Valbanera naugragó en septiembre de 1919 cerca de costas cubanas, cargado de inmigrantes españoles, gran parte de ellos canarios, pero también con bastantes andaluces, incluidos algunos malagueños. El suceso fue una especie de Titanic a la española en la que perecieron cientos de personas, incluyendo muchos niños. Ningún cadáver fue encontrado jamás.
Le expliqué a la bibliotecaria que mi carnet era de la red de de bibliotecas andaluzas. Me preguntó que si vivía en el pueblo. Le dije que estaba parando en (tal) y me preguntó si era nieto de I. Le respondí que sí y me dijo que conocía a mi tía M. y que se acordaba de mi madre cuando pequeña. Le dejé mi número de móvil y de DNI en un papel y me llevé el libro a casa. Nunca se me pidió el carnet original.
Alguno de los testigos quizá recordó un extraño incidente ocurrido en el puerto de Las Palmas pocos días antes; en el momento de embarcar, un niña de cinco años escandalizó a todos los presentes con un pataleta descomunal, se negaba a entrar en el barco pues decía con mucho convencimiento que la nave se iba a hundir. Se trataba de la pequeña Ana Pérez Zumalave que viajaba con destino a Cuba en compañía de su madre y sus cuatro hermanos, esperados todos por su padre en La Habana. A duras penas la señora Zumalave arrastró más que subió a la niña a bordo.

6 comentarios:

Stanley Kowalski dijo...

Cuánto que uno aprende con vos! Gracias, es un placer leerte.

Besos.

Stultifer dijo...

¿Cuándo vuelves?

Rabieo dijo...

Ultimamente tienes cierta fijación por barcos hundidos...

Farrah dijo...

¡¡¡Noguera!!! Esta noche soñé contigo!!!

Eras un señor malo que me robaba los versos y entonces, al ver mis poemas publicados con tu nombre, iba a buscarte y te robaba -literalmente- dinero de los bolsillos: billetes y billetes con los que viviría alegremente aunque siempre con la sospecha de que reaparecerías para llevarte mi fortuna.

En serio, eras un señor muy malo. Hum!!

Espero que lo estés pasando bien.
Un besín.

Jaime Noguera dijo...

Mr Kowalski:

Un placer para mi que le provoque placer leerme.

Stultifer:

El 25, y sin premio.

Rabieo:

Los barcos son una cosificación de los dinosaurios de mi infancia, imagino.

Farrah:

Te robaré los versos, pero nunca dejaré que me saques un solo billete de los bolsillos.

Argax dijo...

Sabes, me gusta esa manera de describir la vida que estás llevando en las islas, esa satisfacción que se desprende de tus textos por estar en un mundo aparte, sin juzgar aunque con guiños de asentimiento y placer por como el tiempo transcurre de otra manera ahí donde te encuentras.

Tu narración tranquiliza y hace arrellanarse en la silla frente a la pantalla.

Un abrazo.