martes, 20 de mayo de 2008

MI AMIGO EL CANGREJO


Tendría ocho o nueve años y estaba de compras en El Corte Inglés con mi papá. De pronto, al bajar la vista, me encontré con una extraña criatura que abría los brazos hacia mí, en ademán de abrazo.

Mi padre lo cogió y se lo guardó en un bolsillo. Era mi nueva mascota, decía. Una cangrejo de río. Lo llamé Anacleto, que me sonaba a nombre de cangrejo, y como habitat para él dispusimos el bidet. Allí yo le observaba durante horas, fascinado por su belleza exótica. De feo, era guapo.

No recuerdo lo que le dábamos de comer, si es que le dábamos. Sí que de vez en cuando le cambiábamos el agua para que respirase. Así, entre el bidet y el lavadero, vivió aburrido una semana. Yo le quería y, dado el rechazo al que me veía sometido por los niños del barrio, le consideraba mi amigo.

Un buen día mi madre lo cambió a una regadera por unas horas. Cuando lo volvimos a meter en el bidet, ya nos salían burbujitas. Anacleto, mi amigo crustaceo, había pasado a mejor vida. Aquel cangrejo de río me rompió el corazón.

Roto, le exigí a mi padre un funeral para mi compañero de juegos.

Conseguimos una caja de puros habanos, vacía, y allí metimos su cuerpo inerte. Puse dentro, a modo de ofrenda floral, unas margaritas y vinagretas del mismo jardín de la comunidad, donde se plantaban los árboles de navidad cuando nadie los quería ya. También una foto de la familia, que quería que tuviese de recuerdo cuando llegase al paraiso de los cangrejos, para que no se olvidase de nosotros. Por último, unos caramelos sugus, para que tuviese algo de comer. Todo un entierro egipcio.

Hicimos un agujero en el cesped y allí le dejamos, en mi mente infantil, a salvo de las alimañas.

Debo estar muy sensible, pero casi se me saltan las lágrimas cuando pienso que en ese jardín que sigue en el mismo sitio, está mi amigo Anacleto, en su caja de puros, con una foto de mis padres, mis hermanos y yo hecha hace más de veinte años...y los sugus.


4 comentarios:

Bala dijo...

¿y no hubiera estado mejor a la plancha o cocido?.
Me ha gustado mucho tu relato, bonito, simpático y evocador. Esas son cosas esenciales.
Qué tiempos aquellos cuando uno pensaba que el bidet era para lavarse los pies y meter bichos de agua.

P.D.: Lo que no paro de preguntarme es qué coño hacía un cangrejo en el Corte Inglés.

Stultifer dijo...

Poner a hervir agua hasta que llegue al punto de ebullición. Seguidamente, ir añadiendo los cangrejos, al mismo tiempo que los vais sacando conforme estén muertos. No tenerlos demasiado dentro del agua para que no suelten todo el sabor, bastará con un minuto aprox.
Ir mezclando todos los ingredientes excepto el laurel, el vino, el caldo, la picada, y el aceite.
Una vez mezclados, se triturarán con una batidora u otro electrodoméstico adecuado para tal menester.
En una olla de barro, pondremos el aceite, en el cual una vez caliente, sofreiremos todos los ingredientes, incluida la picada, durante 15 o 20 minutos.
Seguidamente, añadiremos los cangrejos, el laurel, el vino blanco y el caldo, dejándolo todo a fuego lento hasta que reduzca la salsa.
Serviremos, y se acompañará con un buen vino blanco, tipo aguja o similar.


Yo no veo que haya que poner caramelos Sugus a la receta...

mpv dijo...

¡Ay! ¡La de bichos que maté por amor paternal en mi juventud! Siempre volvía de la playa con un montón de cangrejos (de mar) en un cubo, y al día o dos se morían, dejando un olor muy desagradable, y no sabía por qué. La de tortugas que tuve, y como fueron muriendo una a una pese a mi dedicación. Menos mal que no me dio por tener hamster, gerbos y otros roedores.

Jaime Noguera dijo...

bala:

En el Corte Inglés había mariscos vivos y frescos. Este cangrejo se escapó. No, mi Anacleto no podía acabar como un segundo lato cualquiera.

Yo me lavo los pies en el bidet. Y otras cosas, claro.

stultifer:

Espero que el espíritu de Anacleto se te aparezca esta noche en tu casa y te pille los h***** con sus pinzas. Y que luego te ponga a hervir, sin meterte demasiado dentro del agua para que no sueltes todo tu sabor.

MPV: Creo que recuerdo tus tortugas. Alguna de ellas.