lunes, 1 de agosto de 2011

VODKA CON ZELIG

Zelig vino a visitarme a Estonia y decidí llevarle al café de un balneario de los años 30. Pedimos la bebida local: vodka. Él estaba raro, me parecía que había envejecido, el brillo en sus ojos no era el mismo y lucía alguna cana.

- Te noto cansado.

- Lo estoy.

-¿De qué?

- Un poco de mí mismo. Me aburro bastante.

- ¿Y tu excitante vida de viajes y conquistas femeninas?

- Se acabó, he asentado cabeza, que se suele decir.

- ¡Tú, que lo follabas todo! ¿Y eso?

- Eso es mi hijo.

-¿Tienes un hijo?

- Por lo visto sí. Todavía no he establecido del todo el vínculo.

- ¿Le odias?

- No. Odio a los que me han regalado los oídos, comido las gambas que había en mi mesa y que ahora me olvidan. Odio más a los desagradecidos que a los que me odian.

- Algo habrás hecho, Zelig.

-Desde luego, no todo lo que debí hacer.

- ¿Y ahora qué haras?

- Estoy perdido.

- Mmmm...siempre lo estuviste.

- Sí, es cierto, y siento que mi hijo lo estará tambien. Es géminis.

- Ufff...

-Eso. Ufff...

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