El libro es un ejemplo de la desbordante imaginación de este pueblo ugrofinés, con molinos de grano que trabajan solos, reinos subterráneos, sirenas que secuestran princesas o espejos que te vuelven a hacer jóven.
Un cuento me sorprendió en especial. Era el de una hija adoptiva que era obligada a trabajar en una sauna ayudando a limpiar a sus familiares, y ella era la última en disfrutar del calor y la humedad. Una cenicienta a lo báltico. Una buena noche el Diablo, con su mujer y dos hijos, llegan a la sauna y le dicen a la pobre que salga, que se tiene que casar con su hijo mayor.
La chica se las ingenia para pedir una serie de regalos imposibles como dote al Diablo, que uno a uno se los va concediendo a pesar del empeño que la chica pone en ser creativa y en pedir cosas extravagantes como un cinto de oro, el salto de un gato o la saliva de un pez.
Al final el Diablo la casa con su hijo y se la lleva al infierno por toda la eternidad.
¿Moraleja? No juegues con el Diablo o acabarás muy jodida. Interpreto.
2 comentarios:
La moraleja que yo saco es: "Encima de puta... apaleada".
"espejos que te vuelven a hacer jóven"
Compro dos.
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