
Miren que foto más deliciosa. Mmm...ese quedo semiderretido, el pán hinchadito, la carne que sobresale de él perfectamente braseada, la lechuga fresquísima y esa cebollita frita y crujiente. Y dos rodajas de tomate más rojo que Carrillo, con sus gotitas de agua, que ni con photoshop, oiga.
El invento se llama
Steakhouse Burguer y, el otro día la pedí en un establecimiento de la cadena
Burguer King. No, ya, se que no había ninguna etiqueta
Michelin en la puerta, pero al menos esperaba (¡iluso yo!) zamparme la hamburguesa de la foto, o algo parecido.

Cuando me la sirvieron, no pude hacer otra cosa que asombrarme. No tenía nada que ver con la magnífica foto, que de las cuatro es la inferior izquierda.
Madre mía ¿habían donado la mitad de mi hamburguesa a los refugiados de Darfur? Si era así, me parecía bien, pero seguro que no había pasado eso.

Y ya cuando la abrí...el horror, el horror. Solo una tajada de tomate, y además tamaño mini, la cebolla parecía la pota de mi perro, el queso se había transformado en una lámina de plástico. Para más inri, la carne estaba quemada, como recién pasada por el sobaco de una loca y encima... se había comido la lechuga.
¡Esto me pasa por ir a centros comerciales!