"Coñe, menuda capacidad camaleónica tengo, me podría hacer el sordomundo o algo", pensé. Evadirme de nuestra atribulada España y dedicarme a pulir vulvas bereberes con mi alfanje, a cultivar el valle del Ketama de rico chocolate o a cocinar harira en cualquier mezquita integrista.
Pero no, reflexioné a tiempo. Ya tengo un asiento de primera fila para ver la decadencia de occidente. ¿Para qué cambiar de butaca?
1 comentario:
Es bueno saber que dispones de ese vestuario
Publicar un comentario