Hace tiempo que no amaso unos pechos fríos, ni me entretengo en pellizcar pezones hasta que me suplican "basta". Hace tiempo que no abro unos muslos depilados, maná unvideral, relamiéndome como el niño travieso que se va a comer una golosina robada. Hace tiempo que no aprieto las nalgas , haciendo a mi polla dar saltitos, alborozado, en una vagina caliente y mojada, mientras le meto un dedo en el culo y ella ríe y arquea la espalda, receptiva. Hace tiempo que nadie se la traga en su boca hasta la base, abrazándola amorosamente con sus labios carnosos, ensalivados, horneantes, para luego escupirme con pasión mi nombre al oído, respiración sofocada. Hace tiempo que no puedo dedicar mi febril imaginación a crear nuevas fantasías en la cama, en la cocina, en el pasillo, en la piscina desmontable... Hace tiempo que no me piden en la cama paterna "dime cosas guarras al oído", o comentan un domingo de agosto "¿no te da vergüenza, con mis padres en misa?" o señalan, en aquel motel de la costa "llevas una hora y media, semental". Hace tiempo que no exploto, que no gozo, que no exprimo esencia parisina de aguacate en esta Cólquida sureña. Hace tiempo que no follo. Mettre les verge dans le plat
Jacques C. Noyer (1937-1992)













