
Me anestesio con series americanas en versión original con subtítulos en inglés. Me hacen tener la cabeza ocupada. Así aplaco el dolor palpitante. Lo llevo mejor de lo que creía, pero a ratos, de vez en cuando me ataca una ola, en algunos momentos, un tsunami.
No dejo de creer que los sueños se pueden cumplir, la esperanza es lo último que se pierde. Me he pasado demasiado tiempo siendo un incrédulo. Se me pasará, espero, se me pasará, se irá aplacando. Estaré bien otra vez. Será un pellizco en el estómago al pasar por ciertos sitios, al recordar un café en Marruecos, un baile en mi habitación, un suspiro y una risa, un beso, también al hablar con gente que me pregunte por mi sueño.
Por lo menos esta ausencia desnuda tiene fecha de caducidad. Lo cual no quiere decir nada más que esto. Esperaré los emails, los post, temiendo encontrarme algo que no me gusta, o una invitación.
Es una cuestión de Fé. Y eso que ahora tengo más que hace seis meses. Todo ha sido maravilloso. Tengo que hacer cosas, tengo que moverme, por mí y por mi sueño. Cree, cree, confía, confía. Aumenta la Fé. No puedo cejar en el empeño. No puedo, no quiero, ¿debo?
Quiero ser fuerte, que me vean fuerte, soy fuerte (repítelo hasta que te lo creas).
Aunque no lo parezca, tengo el corazón lleno de esperanza.